La vida no es aquel camino de rosas, rodeado de un apacible lago que te invita a darte un baño, si no una empinada montaña, cuyo único camino para llegar a la elevada cima es recorrer una larga y ardua senda sembrada de cardos y rodeada de rosales con espinas dispuestas a desgarrarte para que no llegues a la cumbre, para que caigas desplomado y sin aliento antes de llegar al final. La cima simboliza la felicidad, por eso la mayoría nos quedamos en el camino de esa dura senda que tanto cuesta escalar. Luchando por llegar al final y sentir la satisfacción de tener el mundo bajo tus pies, de sentirte libre, de no sentirte ligado a nada, de respirar el aire limpio y sentirte acariciado por el tímido rayo de sol que quizá no llegue a los montañeros por culpa de las nubes bajas.
Quizá llegar a la cumbre no signifique tener mucho dinero, ni ser el que más destaca en tu trabajo, y mucho menos tener el amor de tu vida, sino, no sentirte insignificante, conformarte con lo que tienes, no pensar en lo que te puede faltar, y ser feliz, subsistir, no mirar atrás, mirar hacia delante, y no sufrir. Eso significa ser feliz: no apenarte por lo que dejaste atrás, sino alegrarte por lo que te queda por vivir y disfrutar... Disfrutar ante todo y como única meta!
Tan solo - Estopa
2/11/2009
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