miércoles, 28 de marzo de 2012
lunes, 26 de marzo de 2012
Nada es permanente.
Todo lleva su ritmo. La primavera llega con su tiempo inestable a dejarle su paso a un cálido y acogedor verano. Pero la alegría no dura eternamente, por lo que caemos en la transición del otoño hasta que el hielo del invierno nos congela el corazón. Poco a poco, el sol vuelve a asomarse y a duras penas va derritiendo lo que en agujas se había convertido el agua solidificada. El ciclo vuelve a comenzar.
No vale la pena creer que en pleno invierno estás viviendo una eterna primavera. Lo correcto sería entender que el frío te ha envuelto, y que en la siguiente temporada, otra cálida brisa te calentará el alma. Que los minutos en pleno verano se dejan llevar por el viento y en el mes más frío se congelan al igual que lo hacen las temperaturas.
Un ciclo lento a veces, a nuestro parecer, veloz a otras; pero realmente constante y repetitivo.
No vale la pena creer que en pleno invierno estás viviendo una eterna primavera. Lo correcto sería entender que el frío te ha envuelto, y que en la siguiente temporada, otra cálida brisa te calentará el alma. Que los minutos en pleno verano se dejan llevar por el viento y en el mes más frío se congelan al igual que lo hacen las temperaturas.
Un ciclo lento a veces, a nuestro parecer, veloz a otras; pero realmente constante y repetitivo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)