viernes, 25 de diciembre de 2009

23 - 05 - 2009

La apacible noche se cernía sobre mí, pero yo la ignoraba, sumergiéndome en su mundo de sombras y oscuridad, buscando el ruido, la gente, el estado de mareo que persiguen la mayoría de los adolescentes, fundiéndome en ella. Piel con piel… el frío de ella y el calor que irradiaba mi cuerpo…
Gente saltando, bailando al ritmo que marcaba la incesante e inacabable música. Nuestros corazones alterados, el fuego que subía hasta nuestras mejillas… Todo era perfecto… pero un color de azul más vívido y pálido fue cubriendo el cielo hasta que la música parecía que iba ralentificando su ritmo, incluso el volumen parecía que disminuía mientras el cielo se aclaraba… De todas formas, pensaba llegar a casa antes de que el primer perezoso rayo de sol se filtrara entre las algodonosas nubes que poco a poco se retiraban para que el gran astro ocupara su trono…

No hay comentarios:

Publicar un comentario