Me embriagaba con tu perfume que ahora se esfuma a la vez que se consume el palillo de incienso, al igual que en otras ocasiones ocurría. El fuego relamía lo que después se convertía en ceniza mientras tu delicioso olor se transformaba en gotitas de sudor. Durante días las sábanas me acompañaban rodeándome como tú lo habías hecho aquella noche con la seguridad de tu cuerpo sintiendo que podía abrazarte. Lo que me acompaña desde hace días tan sólo es el dolor de sentir que ya ni me acuerdo del amor que emanaban tus ojos al compás del calor de tu cuerpo.
Luna de miel - La Fuga