viernes, 20 de julio de 2012

Es el pez que se muerde la cola.

Aprendes que hay momentos únicos que nunca se van a poder borrar de tu memoria, te empeñas en grabar a fuego en tu mente frases preciosas que hacen que te quedes sin habla y deseas que las miradas que te han hecho alguna vez temblar te persigan hasta en sueños. Pero la realidad es diferente. Cuando aterrizas de tu sueño te das cuenta de que esos momentos se esfumarán tal y como se escurren entre los dedos los finos granos de arena de la playa, las palabras que te acaloraban las mejillas pierden su significado y terminas cerrando el libro del cual alguna vez las leíste para no volver a abrirlo jamás y los ojos que te habían hecho elevarte a las nubes se vuelven deslucidos y opacos. Aprendes, finalmente, que el presente es el que impera, que únicamente lo que en él te importe es lo que debes recordar; que hasta las pilas Duracel tienen un fin y que debes de dejar de mirar constantemente el reloj.