viernes, 5 de junio de 2009

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Me invadía un sopor monótono. Su voz parecía una lejana letanía martilleando mis oídos. De vez en cuando pronunciaba una sílaba con mayor fuerza, tratando de captar inútilmente nuestra atención. Levanté la mirada, pero mi mente no estaba en el significado de sus palabras. Atisbé su rostro a través de las cabezas en zig-zag presentes entre nosotros. Continuaba impasible, como siempre. A mi lado, escuchaba (...). Me entró la risa tonta, intentando a la vez desviar su atención, pero no funcionó correctamente. Su voz se apagó, y pareció que, aunque monótona, la melodía de fondo que me había transportado a mis pensamientos hubiera sido tan solo un sueño. Preguntó(...) pero no se dirigió a mí. Esto hizo que la frustración me inundara por un instante. Poco después me di cuenta de que todo lo que acababa de sentir era una tontería. TONTA. TONTA. TONTA.