domingo, 16 de octubre de 2011

- ¡Joder, qué bien! :)

Y aunque un día te despiertes sin ganas de salir de la cama, notando el intenso dolor lacerado de la herida que te ha producido que te cortaran violentamente las alas, sintiendo vértigo al asomarte al rascacielos en el que te han abandonado, cerrado por gruesos y múltiples cristales que impiden que camines hacia delante; ¡aparta el pesado montón de mantas y sábanas que cubren tu cuerpo, y haz que tu frágil y resquebrajada mente te haga saltar por encima de los vidrios que caigan al suelo al romper los cristales de una patada limpia! ¡Vuelve a asomarte desde el borde del precipio y tírate sintiendo la adrenalina correr por todos los milímetros de tu cuerpo! ¡No desperdicies ninguna de las sonrisas que te encuentres en tu nuevo, largo y soleado camino! ¡Recuerda que el hecho de sentir ese gran vacío en tu interior es una tregua que te ha regalado la vida para conocerte a ti misma, que no es motivo de lágrimas, sino de alegría! ¡Provéete de los mejores materiales para construir un enorme armazón que cuide ese vacío, como si de tu vida se tratara! Al fin y al cabo, de ello depende tu estado de ánimo. No dejes que ninguna opinión exterior, comentario, hecho; no dejes que ninguna punzada de celos, de “esa alegría tan tonta” a la que llaman enamorarse; llegue a tu coraza y la sobrepase. No pienses, actúa.

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