Y aunque como frase principal en mi mente tatué a fuego: “Absolutamente nada”; sabía que sería imposible cumplirla. Pero como el tiempo, todo pasa. De pronto te encuentras flotando, pero no como en aquella nube rosa en la que todo era perfecto. Esta es azul, es tuya, tu única y solitaria nube. Y es cuando por fin puedes relajarte, analizar todo lo ocurrido en el pasado y tomar las decisiones adecuadas para no cometer los mismos errores en el futuro. ¿Y ahora? Cuando el azul te proporciona la mayor calma y estabilidad que puedas obtener… ¿por qué insistir en debilitarla?
Eres un albañil, y durante 80 días y 80 noches te esfuerzas en edificar una muralla infranqueable… ¿para qué, entonces, intentar contratar por todos los medios una demoledora que destruya todo tu trabajo?
En tu nube azul, en el trabajo de construcción… te das cuenta de las imperfecciones que antes no existían, pero que han aparecido y se acentúan conforme concluyen los hechos… hasta que la decepción crece de tal manera que no puedes soportarla.
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