viernes, 26 de junio de 2015

El fin de una etapa tan solo es el principio de otra.

Podría cerrar los ojos y pensar que ayer fue el día en el que leí de forma impaciente las notas de selectividad. Que fue tan solo ayer cuando abrí la carta de la Universidad Politécnica en la que aceptaban mi solicitud para entrar. Podría trasladarme a aquellos días de agosto, previos al comienzo de lo que iba a ser una etapa muy diferente en la vida de un estudiante, en los que los nervios ante lo desconocido me superaban. Pero ya han transcurrido los cuatro años de cortesía, la transición entre la adolescencia y la formación de una persona. Son cuatro años en los que conoces a personas q sabes q formarán parte de tu vida de forma inevitable, tras pasar con ellos los mejores momentos universitarios. Son momentos de estrés conjunto ante trabajos, exposiciones y exámenes, seguidos de celebraciones eternas. Son mañanas de lunes en las que olvidaba el día en el que estaba, ratos muertos en la pirámide o en la terraza del Trinquet. Somos litronas a medio beber entre carcajadas y fotos almacenadas para el recuerdo. Somos millones de grupos de tres, que siempre serán los mejores. Y aquí estamos, ante el último examen de la carrera. Esto se acaba.

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