jueves, 12 de mayo de 2011

No esperes a que nadie te haga feliz.

Miras las luces de la ciudad a cada minuto, mientras en la lejanía el cielo se despeja. Su luz es invariable. O eso crees. Al segundo siguiente el sol está sobre tu cabeza y las farolas son simples fantasmas que vas dejando atrás. Te parecen iguales, pero otra vez tu pensamiento te juega una mala pasada. La hiedra asciende por las primeras que has abandonado y su pintura está desconchada. Su aspecto es tétrico y nefasto comparado con la simple deslucidez de las que tienes justo a tu espalda.
Tus pasos no te dejan volver atrás, te transportan siempre hacia delante. La oscuridad se cierne de nuevo sobre ti. Las luces de la ciudad se confunden en algún punto debajo de la montaña sobre la que pisas. Una maraña de humo naranja. Respiras aliviado, ¿de qué? Ni siquiera puedes disfrutar de lo que estás viviendo. Tus piernas te obligan a caminar. La melancolía te inunda cada vez que tus zapatillas se chocan contra el caliente y duro asfalto o contra la suelta y fresca tierra del campo.
My Chemical Romance - Disenchanted

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