Es doloroso tener que renunciar a lo que deseamos.
Mientras la desazón de tu estómago puebla tu cuerpo y el nudo de la garganta crece hasta sentir que va a reventar, teniéndo en cuenta también que por este hecho la lluvia calará todos y cada uno de tus huesos; anhelas el olor de su cuello, el sabor de su boca, el tacto de sus manos buscando tu cintura, el brillo de sus ojos y el calor de su sonrisa.
Y por el contrario, a la vez que todo lo descrito anteriormente desgarra la mitad de tu corazón, la otra mitad se descompone en un ciclo lento pero constante, como ya venía haciendo desde hacía tiempo. ¿Motivos? Indiferencia de quien esperas que no la sienta nunca y que la descarga entera hacia ti. Frialdad, al no encontrar más calor que los leves rayos de sol que asoman enzarzándose en una disputa con las nubes. Tristeza, al sentir que no se pueden paralizar estos sentimientos. DOLOR, notando que nunca dará lo máximo para hacer que estas dos mitades dejen de sagrar.
Lo nuestro - Fondo Flamenco
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