El llorar es como el sexo. Empiezas poco a poco hasta ese momento álgido, cuando las lágrimas se agolpan en tus ojos corriendo como locas por recorrer tus mejillas, y cuando notas que no te quedan más, que has terminado, te quedas relajada, como si el tiempo se estancase. Sabes que ahí fuera no ha cambiado nada, que los demás sienten lo mismo hacia ti, es decir, poco más que nada. Pero sigues relajada, todo se ha acabado. Quieta en un rincón esperas que todo vuelva a su cauce, al que tú elijas. Inocente..
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